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Un muchacho

22 de marzo de 2007

"Un muchacho y una muchacha se enamoraron locamente. Y decidieron casarse. Los novios siempre se hacen regalos.

El muchacho era pobre; su único bien consistía en un reloj que había heredado de su abuelo. Pensando en los bellos cabellos de la amada, decidió vender el reloj para comprar un bonito prendedor de plata.

La muchacha tampoco tenía dinero para el regalo de bodas. Entonces, fue hasta la tienda del principal comerciante del lugar y vendió sus cabellos. Con el dinero, compró una cadena de oro para el reloj de su amado.

Cuando se encontraron, el día de la fiesta del casamiento, ella le dio a él una cadena para un reloj que había sido vendido, y él le dio a ello un prendedor para unos cabellos que ya no existían."

Extraído del libro "A orillas del río Piedra me senté y lloré" -- Paulo Coelho

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Ángel y demonio (y IV)

23 de diciembre de 2006

Un guerrero sabe que un ángel y un demonio se disputan la mano que ase la espada. Dice el demonio: «Vas a flaquear. No sabrás el momento exacto. Tienes miedo». Dice el ángel: «Vas a flaquear. No sabrás el momento exacto. Tienes miedo». El guerrero se sorprende. Ambos han dicho lo mismo. Entonces, el demonio continúa: «Deja que te ayude». Y dice el ángel: «Yo te ayudo». En ese momento, el guerrero percibe la diferencia. Las palabras son las mismas, pero los aliados son diferentes. Entonces, él dedica su victoria a Dios. Y, con la confianza de los valientes, escoge la mano de su ángel.

Descansar y actuar (III)

22 de diciembre de 2006

Durante el intervalo del combate, el guerrero descansa. Muchas veces pasa días sin hacer nada, porque su corazón así se lo exige. Pero su intuición permanece alerta. No comete el pecado capital de la pereza, porque sabe adónde lo puede llevar: a la sensación floja de las tardes de domingo, cuando el tiempo pasa, y nada más. El guerrero denomina esto `paz de cementerio´. Recuerda un fragmento del libro del Apocalipsis: te maldigo porque no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero, como eres tibio, te vomitaré de mi boca. Un guerrero descansa y ríe. Pero siempre está atento y dispuesto para la acción.

Perdonar y aceptar (II)

21 de diciembre de 2006

Un guerrero de la luz siempre mantiene su corazón limpio de sentimientos de odio. Para conseguirlo, debe perdonar. Cuando camina hacia la lucha, no olvida las palabras de Cristo: «Amad a vuestros enemigos». Y el guerrero obedece, pero siempre recordando que Cristo no dijo: «Gustad de vuestros enemigos». El acto de perdonar no te obliga a aceptarlo todo. Un guerrero no puede bajar la cabeza. De lo contrario, perderá de vista el horizonte de sus sueños.

Paciencia y rapidez (I)

17 de diciembre de 2006

Un guerrero de la luz precisa de paciencia y rapidez al mismo tiempo. Losdos mayores errores de una estrategia son: actuar antes de hora o dejar pasar la oportunidad. Para evitar esto, el guerrero trata cada situación como si fuese única,y no aplica fórmulas, recetas u opiniones ajenas. El califa Moauiyat preguntó a Omar Ben Al-Aas cuál era el secreto de su gran habilidad política: «Nunca me metí en ningún asunto sin haber estudiado previamente la retirada; por otra parte, nunca quise salir de un asunto al poco tiempo de haber entrado en él», fue la respuesta.

Paradoja

15 de diciembre de 2006

«Es curioso», se dice a sí mismo el guerrero de la luz. «He conocido tanta gente que, a la primera oportunidad, intenta demostrar lo peor de sí misma. Esconde la fuerza interior detrás de la agresividad; disfraza el miedo a la soledad con aire de independencia. No cree en su propia capacidad, pero vive pregonando a los cuatro vientos sus virtudes.» El guerrero lee estos mensajes en muchos hombres y mujeres que conoce. Nunca se deja engañar por las apariencias e insiste en permanecer en silencio cuando intentan impresionarlo. Pero aprovecha la ocasión para corregir sus faltas, ya que las personas son siempre un buen espejo. Un guerrero aprovecha en todo momento cualquier oportunidad para enseñarse a sí mismo y admitir sus contradicciones.

Pagando tres veces por lo mismo

3 de diciembre de 2006

Cuenta una leyenda de la región del Punjab que un ladrón entró en una hacienda y robó doscientas cebollas. Antes de que pudiera huir, el dueño del lugar lo capturó y lo llevó ante el juez.
El magistrado pronunció la sentencia: pagar diez monedas de oro. Pero el hombre alegó que era una multa demasiado alta y el juez, entonces, resolvió ofrecerle otras dos alternativas: recibir veinte latigazos o comerse las doscientas cebollas.
El ladrón eligió comerse las doscientas cebollas. Pero cuando llegó a la vigésimo quinta, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y el estómago le quemaba como el fuego del infierno. Como aún le faltaban 175 y se dio cuenta de que no aguantaría el castigo, pidió para recibir los veinte latigazos.
El juez aceptó. Cuando el látigo golpeó su espalda por décima vez, él imploró que parasen de castigarlo, porque no soportaba el dolor. El pedido fue obedecido, pero el ladrón tuvo que pagar las diez monedas de oro.
- Si hubieras aceptado la multa, te habrías evitado comer las cebollas y no habrías sufrido con el látigo - le dijo el juez. - Pero preferiste el camino más difícil sin entender que, cuando se hace algo mal, es mejor pagar enseguida y olvidar el asunto.

Guerrero de la Luz Online, publicación de www.paulocoelho.com.br

Politica

El califa Moauiyat preguntó a Omar Ben Al-Aas cuál era el secreto de su gran habilidad política: «Nunca me metí en ningún asunto sin haber estudiado previamente la retirada; por otra parte, nunca quise salir de un asunto al poco tiempo de haber entrado en él», fue la respuesta.

Extraido de Aceptar las paradojas

Guerrero de la Luz Online, publicación de www.paulocoelho.com.br